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Calle de barrio
Autor:
Evaristo Carriego
Cada barriada porteña tiene “su calle”. Allí están sus casas
de comercio, su iluminación extraordinaria y su tráfago de vecinos
y transeúntes de ocasión. Pero cada barrio tiene también otra calle:
la soledosa, que muestra alguna vieja pared sin revocar, cacharros
y floridos macetones coronando el borde de la medianera, patios
y zaguanes silenciosos. Su fisonomía cambia según el barrio, porque
cada barrio es diferente, aunque en todos ellos se descubre
la inconfundible nota porteña, que no desapareció todavía, y que
comparten como el último recuerdo de un pasado romántico: la vieja
ventana con rejas de hierro en la que pervive la imagen
nocturna de la serenata.
El camino de nuestra casa
No eres familiar como una cosa
que fuera nuestra, solamente nuestra;
familiar en las calles, en los árboles
que bordean la acera,
en la alegría bulliciosa y loca
de los muchachos, en las caras
de los viejos amigos,
en las historias íntimas que andan
de boca en boca por el barrio
y en la monotonía dolorida
del quejoso organillo
que tanto gusta oír nuestra vecina,
la de los ojos tristes…
Te queremos
con un cariño antiguo y silencioso,
¡camino de nuestra casa! ¡Vieras
con qué cariño te queremos!
¡Todo
lo que nos hace recordar!
Tus piedras
parece que guardasen en secreto
el rumor de los pasos familiares
que apagaron hace tiempo… Aquellos
que ya no escucharemos a la hora
habitual del regreso.
Caminito
de nuestra casa, eres
como un rostro querido
que hubiéramos besado muchas veces;
¡tanto te conocemos!
Todas las tardes, por la misma calle,
miramos con mirar sereno,
la misma escena alegre o melancólica
la misma gente… ¡Y siempre la muchacha
modesta y pensativa que hemos visto
envejecer sin novio… resignada!
De cuando en cuando, caras nuevas,
desconocidas, serias o sonrientes,
que nos miran pasar desde la puerta.
Y aquellas otras que desaparecen
poco a poco, en silencio,
las que se van del barrio o de la vida
sin despedirse.
¡Oh, los vecinos
que no nos darán más los buenos días!
Pensar que alguna vez nosotros
también por nuestro lado nos iremos,
quién sabe dónde, silenciosamente
como se fueron ellos…
Extraído del libro “Buenos Aires, mi ciudad”. Editorial Universitaria de Buenos Aires. Año 1963.
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